Educación emocional infantil

Cuando éramos niños nuestros padres nos van a enseñar a montar en bicicleta, a atarnos los zapatos… En el colegio nos van a enseñar a leer, a sumar… Pero la mayoría de nosotros no nos a enseñar a conocer nuestro mundo interno emocional, el responsable de nuestras tristezas, alegrías, miedos…

Los conocimientos que se adquieren en la escuela son de gran utilidad, pero muchos de estos no tienen en cuenta las «inteligencia múltiples: musical, cinético-corporal, lógico-matemático, lingüística, espacial, interpersonal e intrapersonal» (H. Gardner). Así como AFIM «Sir Ken Robinson», hace referencia a que las escuelas matan la creatividad de los niños. Las inteligencia interpersonales e intrapersonales son las responsables de que conozcan nuestras emociones y las de los demás, las responsables de que comprendamos nuestro propio corazón y también las ajenos para vivir plenamente.

Las emociones, este grandes condicionantes de nuestra conducta, pueden influenciar nuestra vida en multitud de sentidos. Su manifestación, puede convertirnos en personas integradas socialmente, o excluidas, todo depende de la manera en que las manejamos. Al igual que sucede con cualquier aprendizaje, las emociones determinan nuestra manera de afrontar la vida. Emoción, pensamiento y acción, són tres elementos muy relacionantes, presentes en todo lo que hacemos diériamente. La comprensión y el control de las emociones puede resultar imprescindible para nuestra integrsció en sociedad, pero si ésta falla, nos convertiremos en personas inadaptadas, frustradas e infelices. Si bien para los adultos resulta verdaderamente difícil contralar las emociones en determinados momentos, para los niños este control es aún más complicado al carecer de experiencias previas similares y estrategias de abordaje. En ocasiones nos encontramos con niños en quien su control emocional es prácticamente inexistente. Se muestran irascibles e irritables menudo, no se les puede negar nada porque están acostumbrados a que se les permita y consienta casi todo. Además se muestran especialmente frágiles ante los fracasos, respondiendo de manera agresiva y hostil a este tipo de situaciones. Estas reacciones son realmente perjudiciales para el niño, ya que no solo le limitarán su relación e integración en el grupo de iguales sino que, incluso, pueden llegar a afectar a su salud. De hecho, algunas investigaciones han puesto de manifiesto que la experimentación de emociones negativas deriva en una disminución de las defensas, convirtiéndonos en personas vulnerables. Los niños deben aprender a controlar su agresividad, sus reacciones indeseadas…

Algo por lo que tenemos que trabajar con ellos, especialmente ante aquellas aconductes «emocionalmente inadecuadas». El castigo, ante este situaciones, no resulta efectivo. En cambio, hacerles reflexionar sobre el sucedido, de manera objetiva iconstructiva, haciéndoles entender la importancia de sus acciones y la repercusión en los demás … así como ofrecerles las alternativas de conducta positivas, derivará en una mejora en su manera de pensar y actuar y esto, redundará en sus emociones.